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Pagar con tarjeta en Alemania
Una de las cosas que más me ha sorprendido al aterrizar en Alemania es la alergia hacia el dinero de plástico que tienen en este país. Desde España miramos Alemania como el centro de Europa, tecnología y prosperidad, como una suerte de país nórdico pero algo más al sur. Si en Noruega, Suecia, Dinamarca o Reino Unido el pago con tarjeta es el que manda, ¿cómo no se va a usar en Alemania? Al fin y al cabo es el país del Euro (el BCE tiene su sede en Frankfurt), es la cuna de la tecnología y ha sido uno de los ganadores de la gran depresión.
Pues no. En Alemania prácticamente sólo se usa efectivo. No trates de encontrar un taxi que acepte pago con tarjeta. En bares y restaurantes las probabilidades de que te dejen pagar con tarjeta mejoran, pero no dejan de ser una lotería. Hay comercios o bares que les enseñas la tarjeta y la miran como si fuera un objeto extraterrestre. Parece que la cosa ha mejorado un poco en los últimos años, pero el alemán medio sigue prefiriendo (y de lejos) el pago en efectivo. ¿A qué se debe esto? Me da miedo pensar en la cantidad de dinero en efectivo que lleva la gente en la cartera. Es una anomalía muy llamativa en un momento en el que el pago por móvil empieza a ganar popularidad en otros países.
Trasteando por Internet veo que este miedo viene en gran parte de los años de hiperinflación, el hecho de haber perdido dos Guerras Mundiales y la consecuente obsesión alemana por el ahorro. No dejan de parecerme excusas que sacan a relucir que quizás el sistema bancario alemán no esté tan avanzado como cabría de esperar. No voy a ser el listo que lo compare con el sistema bancario español ya que esta última crisis nos ha sacado (y mucho) los colores. Pero sí soy un defensor del pago con tarjeta ya que es una forma relativamente sencilla de acabar con el dinero negro y con el robo de carteras en sitios de gran afluencia.
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Picos de Europa
Nuestra idea inicial era hacer la ruta del anillo Vindio, el más sencillo de 3 recorridos circulares por los picos de Europa, pasando dos noches en refugios y una acampando.
Tuvimos que cambiar de planes a pocos días del viaje, porque al hablar con los guardas de los refugios (lo aconsejamos hacer siempre antes de iniciar una ruta) nos enteramos que había nieve hasta al menos los 1400 metros. Somos aventureros, pero no tanto. Reorganizamos las reservas y cancelamos la acampada.
La primera noche nos quedaríamos en el refugio Vegabaño: dejamos el auto en Soto de Sajambre, un pueblo muy pequeño y pintoresco. De allí iniciamos la caminata hasta el refugio por un sendero establecido. Una ruta de 7 km preciosa, muy aprovechable y con muy lindas vistas; pero de todo esto nos enteramos cuando bajamos al día siguiente, porque a los 15 minutos de comenzar a caminar, empezó a caer una lluvia torrencial que nos hizo correr para llegar lo antes posible al refugio. A mitad de camino la lluvia pasó a ser nevada, algo que preferimos, sobre todo nosotros que no estamos acostumbrados a disfrutarla (la lluvia tampoco, pero en las rutas nos entorpece más). Cuando faltaban 10-15 minutos para llegar al refugio caminábamos hundiéndonos en 20-30 cm de nieve y con las indicaciones del camino debajo, así que tuvimos que guiarnos por el gps.
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Camino dos faros
Hace unos años, en mi anhelo por descubrir la costa norte española me encontré la idea de una asociación: el Camino dos faros. Este camino tiene como puntos guía los faros de la Costa da morte, desde Malpica hasta Fisterra; está pensada para realizarla a pie, pero por falta de tiempo nosotros la hicimos en coche, y si bien perdimos parte de su encanto, la disfrutamos mucho y la consideramos altamente recomendable.
Aquí les dejo algunas fotos de los faros que conocimos: